¡Hola tulipanes!
Hoy os voy a hablar sobre mi tercer día de curro. Sé que mi semana se os esta haciendo eterna, pero es para que captéis mi sensaciones adecuadamente, ggg; porque a mi también se me hizo superlarga (así que ya sabéis lo que os espera, gggg. ¡Qué no, que es bromita!).
Mi tercer día de curro no empezó nada bien. Lo primero mi ducha se encabezonó con no dar agua caliente. Desde luego no es la cosa mejor del mundo salir a las siete de la mañana al pasillo de casa para darte una ducha y que encima que solo salga agua fría. Pero no estaba dispuesta a rendirme, yo soy pulcra incluso con circunstancias adversas (en la isla de los famosos yo ganaría el premio a la más limpita). Así que me reaté la toalla, volví a cruzar el descansillo de las escaleras (rezando para no conocer en ese preciso instante al vecino), me fui a la cocina donde sí salía agua caliente, calenté dos cacerolas de agua (la vieja escuela siempre funciona), vuelta a cruzar el pasillo (pidiendo clemencia a Murphy) y a lavarme al estilo gato. Hasta los más limpios del lugar se hubiesen sucumbido a no lavarse, pero yo no sin mi ducha. Ahora desde entonces todos los días me llevo una cacerola de agua caliente a la ducha por si acaso, que no quiero desgastar mi suerte.
Tras el ajetreo matutino me dispuse a ir a curro, pero las cosas no iban a ser tan sencillas. Primero decir que ese día ya sé que significa “viento que corta”, y no es ninguna metáfora. Os recuerdo también que ese día volvía a tocar ir paseando a la oficina, y además me había marcado un nuevo objetivo ¡demostrarle a los de google-maps que entre mi casa y mi oficina no se tardan 45 minutos! Los más perspicaces que estéis en casa pensareis: ¡Caracoles, a Mila se le ha ido la chaveta! Eso mismo se planteó el primer día de curro y falló (PD: Uso “Caracoles” como homenaje a todas las series que hemos visto de niños dobladas por hispanos, ya sabéis: caracoles, caray Bubu,…). De todas formas esta vez tenía un plan secreto, “seguro” que los del google-maps no se les había ocurrido usar en sus cálculos el camino que cogimos el día anterior con las bicis y que va desde la plaza principal de Delft a la universidad. “Seguro que esa ruta no se le había ocurrido a nadie”. Lo más lógico sería pensar que se tardaba menos por el hecho de haber ido en bicicleta, pero en mi aversión hacia estas estaba dispuesta a demostrar que realmente una persona en bici en un camino llano no va más rápido que otra a pie y sin correr.
Para ir por esta ruta tenía que meterme por el centro de Delft, pero en vez de seguir por la calle que tomé el día anterior para ir a la plaza, decidí innovar (lo típico que le apetece hacer a cualquiera a las 8 de la mañana).
El problema básico que plantea una cuidad como Delft al españolito medio es que todas sus calles nos parecen las mismas. Canal + puente + casas de ladrillo bajitas son los elementos que compone cualquier calle de aquí. Puede que las casas entre sí no sean muy parecidas, pero nosotros no somos incapaces de distinguirlas. Quizá porque para nosotros dos edificios son distintos sólo si uno es amarillo y otro es azul (aquí estamos en la gama color ladrillo) o si tienen diferente número de plantas (aquí todas las casas son de tres plantas, ni más ni menos). Vistos los problemas a la hora de distinguir edificios, no me pidáis que diferencie los puentes, ni mucho menos los canales. Además para darle más emoción a la cosa los canales estaban helados y los patos andaban patinando sobre la superficie. Así como os estáis oliendo desde hace un rato, me perdí. Y me perdí pero en condiciones, de esto que cuando preguntas a la gente como llegar a un sitio, hasta resoplan y todo, de lo lejos que esta. Resulta que había andado de más, y me había saltado un giro, con lo que vuelve para atrás, pregunta,…Conclusión, llegaba tarde.
A mi mucha gente me define como pachorrona absoluta, pero os equivocáis, soy pachorrona relativa. Tengo el plasplas suficiente como para ducharme tranquilamente (cuando el calentador lo permite) y dedicarme a innovar la ruta de ir al trabajo. Sin embargo, cuando estoy a falta de 5 minutos de la hora a la que todo el mundo entra en la oficina y me encuentro a unos 25 minutos andando según google, en ese preciso instante me agobio y mucho.
En ese momento de estrés extremo (ojo al juego de palabras), no me encontraba en el mapa, topé con una de esas holandesas que no hablan inglés, no pasaba un alma por la calle. Cuando por fin descubrí que camino seguir, todas las bicicletas del mundo (y alguna más) me adelantaron con todo el recochineo del mundo (las oía acerarse, chirriando y con esos timbres que me sacan de quicio, me pasaban, y se iban alejando y haciéndose pequeñitas, recordándome que necesitaba una bici ya, ya, ya).
Al final termine llegando a la oficina no tan tarde (porque aquí tenemos un margen de media hora para entrar; y realmente iba tarde con respecto a la hora que quería entrar) y además me dediqué a hacer hincapié en el hecho de “pobrecita yo que me he perdido”. De todas formas mi estrategia no era del todo la correcta, porque esa mañana descubrí que lo importante que hay que resaltar no es en el hecho de “soy nueva y me pierdo, sniff”, sino en “vengo andando”.
Ya conocéis mi manía de contarlo todo (y si no, mirad todo lo que lleváis leído) y lo mal que llevo el estar en silencio con otras personas, siempre me cargo con la responsabilidad de hablar y poner fin a los momentos “grillo”. Aquí como estoy en Holanda y no juego en casa, me he rebajado esa carga, pero de vez en cuando mi Pepito Grillo se lanza a salvar a todo aquel que lo esté pasando mal por un silencio. Ese mismo día, a la hora del café hubo unos cuantos, así que por hablar de algo les conté mis penas con la ducha. ¿Os podeis creer cual era el comentario mayoritario? “Pues mira que es raro que funcione el calentador de la cocina y no el del baño”. Ummm, “a ver majete (mi ceja estaba alcanzando unas cotas insospechadas), tu te crees que no he intendado/esperado a que saliese agua caliente teniendo en cuenta que la alternativa era reatarme en la toalla, salir al descansillo, ir a la cocina, calentar agua, volver al descansillo y de ahí a la ducha”. Sin embargo, como soy nueva y aun no sé bordear en inglés mi respuesta fue “Quien sabe”, más una sonrisa. ¡Ay, quién me ha visto y quién me ve!
Mientras yo cojo soltura con el inglés, vosotros sed buenos.
Mila.
Descubriendo Holanda:
-Sabéis que los holandeses en sus casas no ponen persianas, ni aunque vivan en un bajo. Nada, ni un triste estor ni nada. Ellos se empeñan en participar en un Gran Hermano nacional sin premio ni sin Mercedes Milá. ¿Y quienes los pasan peor? ¿Ellos? No, que va. Nosotros, tanto los españoles como franceses (como podéis comprobar esta sección se está abriendo al mundo), que miramos y luego nos sentimos culpables, como cotillas. Pero es que es una fuerza superior, que me hace girar la cabeza y mirar dentro aunque no quiera. Tranquilos, terminaré superando ese vicio, pero mientras tanto podré escribir un post sobre decoración de interiores en Holanda (ggg).
jueves, 26 de febrero de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
No hablar el idioma :(
¡Hola tulipanes!
El post de hoy lo voy a centrar en una de las cosas que peor llevo de estar en Holanda. ¡No hablar el idioma!
Ya en mi segundo día y con el fotomatón escribiéndome mensajitos que yo no comprendía, comencé a tomar conciencia de la situación. Sin embargo, al poder solucionar el problema de las fotos, y al rellenar la ficha del descuento para el tren con la ayuda de Clarisse y de la señora de la ventanilla (a la que tenía que entregarle el papel) me hizo pensar que el tema idioma va a ser un mal menor.
Desde luego hay que reconocer que en España sin hablar español, estas bastante perdido (lo único que creo que salva a los extranjeros en España es nuestra capacidad de mímica y digamos nuestra buena voluntad (en grado intermedio). Creo que sois capaces de imaginaros a un español medio gesticulando como un loco, articulando y hablando todo lo alto que le es posible para explicarle a un pobre guiri como llegar a algún lado).
Una vez reconocido esto, tengo que decir que en mis dos semanas de estancia aquí me he encontrado ya con un par de holandeses que no hablan inglés (que los hay, aunque algo te entienden y tú a ellos les medio comprendes lo que te quieren contar). Aunque claro son menos abundantes que españoles que no hablan inglés.
Así que, ¿cuáles han sido mis principales problemas lingüísticos?:
-Por ejemplo, a día de hoy sin saber donde tirar la basura. Tranquilidad, que no vivo en una casa como si tuviese el síndrome de Diógenes. Pero me he dedicado a separar la basura, como suelo hacer en España, y cuando he llegado a los contenedores no he sabido donde tengo que tirar cada cosa. Lo único que tengo claro es cual es el contendor del vidrio (y porque pone glass-noséque). Pero entre los otros, ¡ni idea!, ya que en vez de tener un dibujito que te lo explique, viene una parrafada. Cuando fui el otro día a bajar la basura, como no pasaba nadie por la calle tuve que optar por la infalible técnica de “pitopitogorgorito”.
-El otro día un holandés preguntó por la calle como llegar a la estación (cosa que por cierto sé), y yo hasta pasado un rato no fui consciente que se estaban dirigiendo a mí. Esto más bien, no era un problema lingüístico para mí, sino para él que quería llegar a la estación.
-En mi tercer día de estancia en Holanda, tras el fracaso de las cabinas, y tras ir a un supermercado con un cartel de horario engañoso en la puerta (ponía que estaba abierto hasta las 9, y los números son de las cosas que son comunes en Holanda y en España. Pero en realidad a las 9 estaba cerradísimo), encontré una especie de multitienda (regentada por unos hindúes o así, ya os he contado que los chinos todavía no ha colonizado Delft). En esta multitienda tenían un cartel de propaganda con tarifas para llamar al extranjero y pensé “¡por fin!”. El problema era que el hombre de la tienda no hablaba apenas inglés. Un muchachito se ofreció de intermediario y al final conseguí comprar la supuesta tarjeta por 6 euros. Para utilizar la tarjeta tenía que seguir unos pasos que un contestador me dictaba, por supuesto en holandés y teclear unos números de la tarjeta. Le volví a pedir ayuda al muchacho, pero por lo visto el tema tarjetas no es exactamente lo suyo. Y me quedé sin 6 euros. (No penséis mal, yo tengo la tarjeta con los números de la recarga, así que no creo que se recargase el teléfono a mi costa. Pero cuando no conoces un idioma estas a expensas del que tienes al lado para que te ayude, sea un poco inútil o no)
-Tras la aventura de la tarjeta fui capaz de descubrir por fin cuanto saldo me quedaba en el móvil, y el hallazgo se dio porque se me acabó el dinero (lógico la tarjeta venía con 5 euros en llamadas, había llamado a España, y no había recargado porque no sabía ni dónde ni cómo hacerlo). Entonces la voz de una señorita muy amable me dijo algo de X cents (deduje que se trataba de la versión holandesas de “su saldo actual no le permite realizar una llamada de más de un minuto al destino solicitado y de llamar a España mejor ni hablamos”).
-El quinto día descubrí no podía recargarme yo solita el móvil, porque en vez de ir a una tienda y decir cárguenme 10 euros a este número, te dan un código y antes de introducirlo tienes que escuchar el típico menú (¡en holandés!) de: “Pulse 1 si quiere recargar a través de código, pulse 2 si quiere realizar la recarga con el método….” (Vamos una idea parecida a la tarjeta de la multitienda). Así que en el propio supermercado que compré el código, les pedí que me hiciesen la recarga (y me quedé más o menos con la copla de cómo hacerlo).
-El sexto día descubrí que T-Mobile no tiene la opción de mandarte un mensaje con el saldo, sino que te lo dice de viva voz y en holandés. Así que tenía que pedir a mis compañeros que me mirasen el saldo. Cuando en casa intenté solucionar este asunto por mi cuenta así como quitar el buzón de voz llamando al Klantenservice (servicio de información al cliente) entendí que los menús de “Pulse 1…pulse 2….” se habían convertido en mis peores enemigos. Pulse 1 en todas las ocasiones que pude, hasta que alguien me atendió (me informó que esa no era la opción correcta, “¡¡vaya, con lo fidedigno que suele ser pulsar 1 hasta que alguien te responda!!”; y que para lo que yo quería mejor que llamase al día siguiente).
-Otra cosa que averigüé ese mismo día, es que tampoco era capaz de escuchar los mensajes del buzón de voz, porque para ello me pedían noséque de una contraseña.
-El séptimo día (viernes) ante la proximidad del domingo (y de todas las tiendas cerradas), traté de volver a recargar en el super de la otra vez, pero esta vez no les funcionaba la máquina. Busqué otro supermercado, y volví a pedir que me hiciesen la recarga (quería comprobar que siempre eran los mismo pasos, y no tenía ganas de andar perdiendo recargas de nuevo). Como los pasos parecían los mimos, los apunté en un papel (ya iba ganando independencia, al menos las recargas podría hacerlas yo solita).
-Ese mismo día pasé por la tienda donde compré el móvil para que me informasen de la tarifa que tenía y para preguntar si había la opción de que me llegase un mensaje con el saldo (yo seguía erre que erre). Me ayudaron a cambiarme de tarifa (porque se hace desde internet en una página en holandés, sin opción a inglés; y de hecho hoy he ayudado yo a una amiga a que se cambie ella de tarifa. ¡Voy progresando! J), y me dieron un número donde podría consultar el saldo en inglés. (Segundo punto de independencia).
-En mi decimocuarto día en Holanda (sólo puedo solucionar las cosas cuando las tiendas abren hasta más tarde, vamos de semana en semana), he ido a otra tienda (esta vez solo de T-Mobile, para no darle tanto la coña a los mismos). Y me han quitado el buzón de voz y me ha configurado el móvil para recibir los mensajes de T-Mobile en inglés. ¡¡Yuju!!
Como podéis ver voy progresando poco a poco. Os he contado todo el calvario del móvil porque es que me más me ha dado la tabarra (y también el que se ha ido solucionando), pero por ejemplo otra historia que tengo que arreglar ahora es poder hablar con un proveedor de internet :s (porque cada vez que llamo no se que me cuentan).
Os mantendré informados, tulipanes. Mientras tanto, sed buenos.
Descubriendo Holanda:
- A lo mejor tras leer este post (que reconozco que me ha quedado especialmente pesado) habéis pensado, porque Mila no ha preguntado en la oficina para qué es el contenedor verde, para qué el amarillo,… Pues listos, que sepáis que lo he hecho :p. Lo que ocurre es que los amigos holandeses no tienen un código de colores para las papeleras. Depende del ayuntamiento, incluso del barrio, así que acecharé al vecino detrás de unos matorrales a ver donde pone cada bolsa.
- Por cierto, los holandeses no son tan ecologistas como parecen (tanta bici y luego…). ¡Cuanto tienen que aprender en mi “ofi” del B105! El otro día lleve unas “elaboradas” judías blancas de bote para comer, y claro intenté reciclar el bote de cristal. La respuesta fue “pues no tenemos”, y tiraron mi frasco a la basura. A mi me entraron los siete males, y desde entonces me los traigo a casa, que ya los reciclaré yo. ¡Que para algo es el único contenedor que tengo claro!
-Pequeños saltamontes no sé si vosotros os acordáis de cuando La Casera venía en botella de cristal, y en el super te daban 20 pesetas (de las de antes ;)) por devolver los cascos. Bueno pues aquí en algunos supermercados esa técnica se sigue funcionando. Aquí en algunos supermercados, por cada botella de Fanta te dan un vale de 20 céntimos de descuento. De acueeeeeeerdo, en este tema les doy un minipunto de reclaje.
-Os preguntaréis a estas alturas qué se decir en holandés. Pues mi nivel actual es similar al de Mariaje hablando en cordobés ;) (ella sabe decir “doo” y “tree”; pues yo también me sé dos palabras “ja” /ya/ sí y “nee” /nei/ no). Después reconozco alguna más, pero o la reconozco escrita (gracias a los subtítulos de la tele) y luego no sé como se dice o “sé decirla” pero no sé escribirla. En mi lista de escritas están spoor (andén; es que cojo muchos trenes), melk (leche, sin comentarios, como para no saberla), kaas (queso), dank je (gracias),… Oídas reconozco: buenos días, hasta mañana, hasta el lunes, adiós (veis cuando presto atención). Y finalmente hay una sección que no se leer, tampoco se muy bien escribirlas pero que si las veo sé que quieren decir. Poco a poco Paco Peco Poco Pico.
El post de hoy lo voy a centrar en una de las cosas que peor llevo de estar en Holanda. ¡No hablar el idioma!
Ya en mi segundo día y con el fotomatón escribiéndome mensajitos que yo no comprendía, comencé a tomar conciencia de la situación. Sin embargo, al poder solucionar el problema de las fotos, y al rellenar la ficha del descuento para el tren con la ayuda de Clarisse y de la señora de la ventanilla (a la que tenía que entregarle el papel) me hizo pensar que el tema idioma va a ser un mal menor.
Desde luego hay que reconocer que en España sin hablar español, estas bastante perdido (lo único que creo que salva a los extranjeros en España es nuestra capacidad de mímica y digamos nuestra buena voluntad (en grado intermedio). Creo que sois capaces de imaginaros a un español medio gesticulando como un loco, articulando y hablando todo lo alto que le es posible para explicarle a un pobre guiri como llegar a algún lado).
Una vez reconocido esto, tengo que decir que en mis dos semanas de estancia aquí me he encontrado ya con un par de holandeses que no hablan inglés (que los hay, aunque algo te entienden y tú a ellos les medio comprendes lo que te quieren contar). Aunque claro son menos abundantes que españoles que no hablan inglés.
Así que, ¿cuáles han sido mis principales problemas lingüísticos?:
-Por ejemplo, a día de hoy sin saber donde tirar la basura. Tranquilidad, que no vivo en una casa como si tuviese el síndrome de Diógenes. Pero me he dedicado a separar la basura, como suelo hacer en España, y cuando he llegado a los contenedores no he sabido donde tengo que tirar cada cosa. Lo único que tengo claro es cual es el contendor del vidrio (y porque pone glass-noséque). Pero entre los otros, ¡ni idea!, ya que en vez de tener un dibujito que te lo explique, viene una parrafada. Cuando fui el otro día a bajar la basura, como no pasaba nadie por la calle tuve que optar por la infalible técnica de “pitopitogorgorito”.
-El otro día un holandés preguntó por la calle como llegar a la estación (cosa que por cierto sé), y yo hasta pasado un rato no fui consciente que se estaban dirigiendo a mí. Esto más bien, no era un problema lingüístico para mí, sino para él que quería llegar a la estación.
-En mi tercer día de estancia en Holanda, tras el fracaso de las cabinas, y tras ir a un supermercado con un cartel de horario engañoso en la puerta (ponía que estaba abierto hasta las 9, y los números son de las cosas que son comunes en Holanda y en España. Pero en realidad a las 9 estaba cerradísimo), encontré una especie de multitienda (regentada por unos hindúes o así, ya os he contado que los chinos todavía no ha colonizado Delft). En esta multitienda tenían un cartel de propaganda con tarifas para llamar al extranjero y pensé “¡por fin!”. El problema era que el hombre de la tienda no hablaba apenas inglés. Un muchachito se ofreció de intermediario y al final conseguí comprar la supuesta tarjeta por 6 euros. Para utilizar la tarjeta tenía que seguir unos pasos que un contestador me dictaba, por supuesto en holandés y teclear unos números de la tarjeta. Le volví a pedir ayuda al muchacho, pero por lo visto el tema tarjetas no es exactamente lo suyo. Y me quedé sin 6 euros. (No penséis mal, yo tengo la tarjeta con los números de la recarga, así que no creo que se recargase el teléfono a mi costa. Pero cuando no conoces un idioma estas a expensas del que tienes al lado para que te ayude, sea un poco inútil o no)
-Tras la aventura de la tarjeta fui capaz de descubrir por fin cuanto saldo me quedaba en el móvil, y el hallazgo se dio porque se me acabó el dinero (lógico la tarjeta venía con 5 euros en llamadas, había llamado a España, y no había recargado porque no sabía ni dónde ni cómo hacerlo). Entonces la voz de una señorita muy amable me dijo algo de X cents (deduje que se trataba de la versión holandesas de “su saldo actual no le permite realizar una llamada de más de un minuto al destino solicitado y de llamar a España mejor ni hablamos”).
-El quinto día descubrí no podía recargarme yo solita el móvil, porque en vez de ir a una tienda y decir cárguenme 10 euros a este número, te dan un código y antes de introducirlo tienes que escuchar el típico menú (¡en holandés!) de: “Pulse 1 si quiere recargar a través de código, pulse 2 si quiere realizar la recarga con el método….” (Vamos una idea parecida a la tarjeta de la multitienda). Así que en el propio supermercado que compré el código, les pedí que me hiciesen la recarga (y me quedé más o menos con la copla de cómo hacerlo).
-El sexto día descubrí que T-Mobile no tiene la opción de mandarte un mensaje con el saldo, sino que te lo dice de viva voz y en holandés. Así que tenía que pedir a mis compañeros que me mirasen el saldo. Cuando en casa intenté solucionar este asunto por mi cuenta así como quitar el buzón de voz llamando al Klantenservice (servicio de información al cliente) entendí que los menús de “Pulse 1…pulse 2….” se habían convertido en mis peores enemigos. Pulse 1 en todas las ocasiones que pude, hasta que alguien me atendió (me informó que esa no era la opción correcta, “¡¡vaya, con lo fidedigno que suele ser pulsar 1 hasta que alguien te responda!!”; y que para lo que yo quería mejor que llamase al día siguiente).
-Otra cosa que averigüé ese mismo día, es que tampoco era capaz de escuchar los mensajes del buzón de voz, porque para ello me pedían noséque de una contraseña.
-El séptimo día (viernes) ante la proximidad del domingo (y de todas las tiendas cerradas), traté de volver a recargar en el super de la otra vez, pero esta vez no les funcionaba la máquina. Busqué otro supermercado, y volví a pedir que me hiciesen la recarga (quería comprobar que siempre eran los mismo pasos, y no tenía ganas de andar perdiendo recargas de nuevo). Como los pasos parecían los mimos, los apunté en un papel (ya iba ganando independencia, al menos las recargas podría hacerlas yo solita).
-Ese mismo día pasé por la tienda donde compré el móvil para que me informasen de la tarifa que tenía y para preguntar si había la opción de que me llegase un mensaje con el saldo (yo seguía erre que erre). Me ayudaron a cambiarme de tarifa (porque se hace desde internet en una página en holandés, sin opción a inglés; y de hecho hoy he ayudado yo a una amiga a que se cambie ella de tarifa. ¡Voy progresando! J), y me dieron un número donde podría consultar el saldo en inglés. (Segundo punto de independencia).
-En mi decimocuarto día en Holanda (sólo puedo solucionar las cosas cuando las tiendas abren hasta más tarde, vamos de semana en semana), he ido a otra tienda (esta vez solo de T-Mobile, para no darle tanto la coña a los mismos). Y me han quitado el buzón de voz y me ha configurado el móvil para recibir los mensajes de T-Mobile en inglés. ¡¡Yuju!!
Como podéis ver voy progresando poco a poco. Os he contado todo el calvario del móvil porque es que me más me ha dado la tabarra (y también el que se ha ido solucionando), pero por ejemplo otra historia que tengo que arreglar ahora es poder hablar con un proveedor de internet :s (porque cada vez que llamo no se que me cuentan).
Os mantendré informados, tulipanes. Mientras tanto, sed buenos.
Descubriendo Holanda:
- A lo mejor tras leer este post (que reconozco que me ha quedado especialmente pesado) habéis pensado, porque Mila no ha preguntado en la oficina para qué es el contenedor verde, para qué el amarillo,… Pues listos, que sepáis que lo he hecho :p. Lo que ocurre es que los amigos holandeses no tienen un código de colores para las papeleras. Depende del ayuntamiento, incluso del barrio, así que acecharé al vecino detrás de unos matorrales a ver donde pone cada bolsa.
- Por cierto, los holandeses no son tan ecologistas como parecen (tanta bici y luego…). ¡Cuanto tienen que aprender en mi “ofi” del B105! El otro día lleve unas “elaboradas” judías blancas de bote para comer, y claro intenté reciclar el bote de cristal. La respuesta fue “pues no tenemos”, y tiraron mi frasco a la basura. A mi me entraron los siete males, y desde entonces me los traigo a casa, que ya los reciclaré yo. ¡Que para algo es el único contenedor que tengo claro!
-Pequeños saltamontes no sé si vosotros os acordáis de cuando La Casera venía en botella de cristal, y en el super te daban 20 pesetas (de las de antes ;)) por devolver los cascos. Bueno pues aquí en algunos supermercados esa técnica se sigue funcionando. Aquí en algunos supermercados, por cada botella de Fanta te dan un vale de 20 céntimos de descuento. De acueeeeeeerdo, en este tema les doy un minipunto de reclaje.
-Os preguntaréis a estas alturas qué se decir en holandés. Pues mi nivel actual es similar al de Mariaje hablando en cordobés ;) (ella sabe decir “doo” y “tree”; pues yo también me sé dos palabras “ja” /ya/ sí y “nee” /nei/ no). Después reconozco alguna más, pero o la reconozco escrita (gracias a los subtítulos de la tele) y luego no sé como se dice o “sé decirla” pero no sé escribirla. En mi lista de escritas están spoor (andén; es que cojo muchos trenes), melk (leche, sin comentarios, como para no saberla), kaas (queso), dank je (gracias),… Oídas reconozco: buenos días, hasta mañana, hasta el lunes, adiós (veis cuando presto atención). Y finalmente hay una sección que no se leer, tampoco se muy bien escribirlas pero que si las veo sé que quieren decir. Poco a poco Paco Peco Poco Pico.
Necesito vuestra ayuda
¡Hola tulipanes!
Como podéis leer en el título del post, necesito vuestra ayuda. En el último post, me había quedado contándoos que el martes por la tarde tuve mi primera cena con mis compis de curro. Nos juntamos en casa de dos de las francesas, y nos prepararon comida típica de su país.
Empezamos con un aperitivo muy francés de pan tostado y queso fundido, seguido luego una ensalada, una chuleta de cerdo con mostaza de Dijon (umm, qué rica la mostaza), y acompañada con ¡ratatouille! ¡Cómo la peli de Disney! Eh, eh, eh, tranquilos, que ratatouille no es el nombre del ratoncito protagonista de la película. Es el nombre de un guiso francés, que en resumen (porque no tengo muy claro que es lo que llevaba) me recuerda mucho al pisto manchego. Todas estas cosas para la cena, pero teniendo en cuenta que había comido a las ¡¡12:30!!, tienes hueco más que de sobra para comer todo esto y lo que caiga. (Por cierto, no se si ratatouille esta bien escrito, pero como sigo sin internet no he podido comprobarlo L)
Durante la cena Clarisse también comentó que ella quería hacer otra cena de comida francesa (esta cena la tenemos el jueves que viene y vamos a tomar un raclatte, así que ya os contaré qué tal.). Allí todo el mundo estaba animado a organizar cenas, y yo no iba a ser menos (bien me podía haber callado, gg). Así que nada, ahora tengo que hacer una cena española, y aquí es donde necesito vuestra ayuda. ¿Qué hago?
Todavía no tengo fijada fecha, pero espero que sea relativamente en breve porque tenía pensado reservar un poco del jamón y el queso que me han mandado mis padres con el resto de mis cosas pero no se si voy a ser capaz de contenerme.
Mis principales problemas a la hora de preparar esa cena son: qué pongo para comer qué sepa hacer y que los productos para hacerlos pueda encontrarlo en Holanda. Así que para coger ideas me pasé el otro día, como quien no quiere la cosa, por delante de un supuesto restaurante hispano-italiano que hay en el centro de Delft. Mi objetivo era estudiarme bien el menú, con el fin de copiar todo lo posible (si ellos eran capaces de encontrar los productos básicos, yo también podría). La lectura del menú fue de lo más divertido, porque los pobres de español andan un poco pegados. Creo que de toda la lista de productos solo pusieron bien dos nombres. De todos, el que más gracia me hizo fue “los pinchos murenos”. La verdad es que es una pena no hablar italiano para ver qué tal se les dio con su menú, porque lo que fue con el nuestro…
Después de ver el restaurante, y estudiarme concienzudamente los supermercados barajo las siguientes opciones:
- Plato de jamón
- Plato de queso
- Pisto frío de tomate, atún y queso feta (puede dar el pego por queso fresco). Con un poco de orégano y aceite de oliva, pasa por típico español.
- Tortilla española (este va a ser un punto álgido de la cena. A ver como le doy la vuelta a la tortilla).
- Por supuesto, pinchos “murenos”.
- He visto que en el super hay gambas, con lo cual a lo mejor unas gambas al ajillo (pensad que será una cena sobre las 7:00, da tiempo de sobra a digerirlo). También he visto camarones, otra opción es tortilla de camarones, pero esto sería la primera vez que lo hago, un riesgo.
- Y si hubiese pulpo, un poco a la gallega (que es fácil de hacer).
- Para beber, claramente me decanto por la sangría que todo el mundo considera producto super español.
Bueno, ¿cómo lo veis? Acepto propuestas y sugerencias, basadas en tres claves: comidas fáciles de hacer, españolas o que puedan pasar por españolas y con ingredientes fáciles de conseguir. Sé que el blog no os deja a todos dejar comentarios (a ver si lo miro en casa y veo que solución hay; pero creo que en principio si usáis una cuenta de gmail funcionaría).
Gracias tulipanes, pensad concienzudamente y ya me contáis. Y mientras tanto, sed buenos.
Mila.
Descubriendo Holanda:
Ya que hoy ha sido un post culinario, voy a daros unas nociones sobre cosas que comen los holandeses.
- ¿Qué comen los holandeses en mi curro? Aquí todo el mundo a la hora de comer se trae sándwiches de casa, o en su defecto se los hacen en la propia oficina. Gracias a que como os digo hay algunos que se los hacen allí, he podido estudiar (pensando en contároslo) que ingredientes les ponen.
- ¿Cómo son los sándwiches de los holandes? Lo básico es utilizar fiambre (telequillos, aquí todavía no han descubierto la “aceitunada”, yo creo que es otro negocio por explotar. Podríamos vender la mortadela con aceitunas como fiambre de lujo), queso y mantequilla. Esto entra dentro de lo normal, exceptuando por el hecho de que el bocata lo toman tooooooodos los días para comer.
- El pan ya no es tan parecido al nuestro. Tiene un montón de tipos de panes (son unos viciosos del pan y de las bicis), y lo tienen con cereales, sin cereales, con semillas, blanco, negro,… Eso si, si llegas tarde al supermercado, próximo a la hora del cierre, todas las estanterías de pan de molde están vacías. (Por cierto, aquí hasta lo que podemos llamar en un alarde de elocuencia, el pan-pan (osea el que no es de molde) también viene cortado en rodajas).
- Después a parte de los bocatas tradicionales tienen los bocatas innovadores. Por ejemplo también comen sándwiches de mantequilla de cacahuete o les he visto preparar bocatas consistentes en mantequilla y virutas de chocolate (estas que les pones a las tartas) para comer.
- ¿Y con que bañan todos estos sándwiches? ¡Con leche! Comen y cenan con leche. Jamás en la vida había conocido a gente que consumiese más leche que yo, pero aquí todo este pueblo me gana. Tengo que quitarme el sombrero ante ellos. Además tiene millones de tipos de leche: desnatada, entera y semi; leche de sabores (fresa, limón, frambuesa,…) que viene a ser como los yogures líquidos pero en un montón de sabores distintos, leche más azucarada (que debe ser parecido a la leche condensada pero en cartón de litro), leche con chocolate (el cacaolac). A lo mejor podeis pensar “todo lo que esta diciendo Mila lo tenemos en España”. Y entonces yo os responderé “Id al super y vedlo con vuestros propios ojos”.
- El otro día me comentaron que el motivo por el que son el país con la altura media más alta (1,88 en chicos) es por toda la leche que toman. Ese día me sentí profundamente triste, y pensé que todos mis esfuerzos y los litros y litros de leche española que había tomado, habían sido en balde.
- Pero no siempre comen sándwiches, también toman las famosas sopas de sobre marca Cup (tengo que comprobar si lo he escrito bien). Las he visto por todos lados, y en mi “ofi” no iban a ser menos. Viene en cajas agrupadas por sabores y a su vez cada caja contiene sobres equivalentes a una ración. Las hay de tomate, tomate con picatostes, champiñones, zanahorias,… pero por lo visto la más tradicional es la de guisantes. Esta última tiene que ser muy densa y está bien preparada cuando pones la cuchara en la crema y esta se queda de pie.
- Por todos estos motivos, absolutamente todos los días, evalúan el contenido de nuestros tupper wares (de las francesas y míos) y se encogen de hombros, se miran entre ellos y me dicen, por ejemplo, “Anda ayer cocinaste” cuando traigo una ensalada. Como bien parafrasea Little Eu a Obélix, estos holandeses están locos.
Como podéis leer en el título del post, necesito vuestra ayuda. En el último post, me había quedado contándoos que el martes por la tarde tuve mi primera cena con mis compis de curro. Nos juntamos en casa de dos de las francesas, y nos prepararon comida típica de su país.
Empezamos con un aperitivo muy francés de pan tostado y queso fundido, seguido luego una ensalada, una chuleta de cerdo con mostaza de Dijon (umm, qué rica la mostaza), y acompañada con ¡ratatouille! ¡Cómo la peli de Disney! Eh, eh, eh, tranquilos, que ratatouille no es el nombre del ratoncito protagonista de la película. Es el nombre de un guiso francés, que en resumen (porque no tengo muy claro que es lo que llevaba) me recuerda mucho al pisto manchego. Todas estas cosas para la cena, pero teniendo en cuenta que había comido a las ¡¡12:30!!, tienes hueco más que de sobra para comer todo esto y lo que caiga. (Por cierto, no se si ratatouille esta bien escrito, pero como sigo sin internet no he podido comprobarlo L)
Durante la cena Clarisse también comentó que ella quería hacer otra cena de comida francesa (esta cena la tenemos el jueves que viene y vamos a tomar un raclatte, así que ya os contaré qué tal.). Allí todo el mundo estaba animado a organizar cenas, y yo no iba a ser menos (bien me podía haber callado, gg). Así que nada, ahora tengo que hacer una cena española, y aquí es donde necesito vuestra ayuda. ¿Qué hago?
Todavía no tengo fijada fecha, pero espero que sea relativamente en breve porque tenía pensado reservar un poco del jamón y el queso que me han mandado mis padres con el resto de mis cosas pero no se si voy a ser capaz de contenerme.
Mis principales problemas a la hora de preparar esa cena son: qué pongo para comer qué sepa hacer y que los productos para hacerlos pueda encontrarlo en Holanda. Así que para coger ideas me pasé el otro día, como quien no quiere la cosa, por delante de un supuesto restaurante hispano-italiano que hay en el centro de Delft. Mi objetivo era estudiarme bien el menú, con el fin de copiar todo lo posible (si ellos eran capaces de encontrar los productos básicos, yo también podría). La lectura del menú fue de lo más divertido, porque los pobres de español andan un poco pegados. Creo que de toda la lista de productos solo pusieron bien dos nombres. De todos, el que más gracia me hizo fue “los pinchos murenos”. La verdad es que es una pena no hablar italiano para ver qué tal se les dio con su menú, porque lo que fue con el nuestro…
Después de ver el restaurante, y estudiarme concienzudamente los supermercados barajo las siguientes opciones:
- Plato de jamón
- Plato de queso
- Pisto frío de tomate, atún y queso feta (puede dar el pego por queso fresco). Con un poco de orégano y aceite de oliva, pasa por típico español.
- Tortilla española (este va a ser un punto álgido de la cena. A ver como le doy la vuelta a la tortilla).
- Por supuesto, pinchos “murenos”.
- He visto que en el super hay gambas, con lo cual a lo mejor unas gambas al ajillo (pensad que será una cena sobre las 7:00, da tiempo de sobra a digerirlo). También he visto camarones, otra opción es tortilla de camarones, pero esto sería la primera vez que lo hago, un riesgo.
- Y si hubiese pulpo, un poco a la gallega (que es fácil de hacer).
- Para beber, claramente me decanto por la sangría que todo el mundo considera producto super español.
Bueno, ¿cómo lo veis? Acepto propuestas y sugerencias, basadas en tres claves: comidas fáciles de hacer, españolas o que puedan pasar por españolas y con ingredientes fáciles de conseguir. Sé que el blog no os deja a todos dejar comentarios (a ver si lo miro en casa y veo que solución hay; pero creo que en principio si usáis una cuenta de gmail funcionaría).
Gracias tulipanes, pensad concienzudamente y ya me contáis. Y mientras tanto, sed buenos.
Mila.
Descubriendo Holanda:
Ya que hoy ha sido un post culinario, voy a daros unas nociones sobre cosas que comen los holandeses.
- ¿Qué comen los holandeses en mi curro? Aquí todo el mundo a la hora de comer se trae sándwiches de casa, o en su defecto se los hacen en la propia oficina. Gracias a que como os digo hay algunos que se los hacen allí, he podido estudiar (pensando en contároslo) que ingredientes les ponen.
- ¿Cómo son los sándwiches de los holandes? Lo básico es utilizar fiambre (telequillos, aquí todavía no han descubierto la “aceitunada”, yo creo que es otro negocio por explotar. Podríamos vender la mortadela con aceitunas como fiambre de lujo), queso y mantequilla. Esto entra dentro de lo normal, exceptuando por el hecho de que el bocata lo toman tooooooodos los días para comer.
- El pan ya no es tan parecido al nuestro. Tiene un montón de tipos de panes (son unos viciosos del pan y de las bicis), y lo tienen con cereales, sin cereales, con semillas, blanco, negro,… Eso si, si llegas tarde al supermercado, próximo a la hora del cierre, todas las estanterías de pan de molde están vacías. (Por cierto, aquí hasta lo que podemos llamar en un alarde de elocuencia, el pan-pan (osea el que no es de molde) también viene cortado en rodajas).
- Después a parte de los bocatas tradicionales tienen los bocatas innovadores. Por ejemplo también comen sándwiches de mantequilla de cacahuete o les he visto preparar bocatas consistentes en mantequilla y virutas de chocolate (estas que les pones a las tartas) para comer.
- ¿Y con que bañan todos estos sándwiches? ¡Con leche! Comen y cenan con leche. Jamás en la vida había conocido a gente que consumiese más leche que yo, pero aquí todo este pueblo me gana. Tengo que quitarme el sombrero ante ellos. Además tiene millones de tipos de leche: desnatada, entera y semi; leche de sabores (fresa, limón, frambuesa,…) que viene a ser como los yogures líquidos pero en un montón de sabores distintos, leche más azucarada (que debe ser parecido a la leche condensada pero en cartón de litro), leche con chocolate (el cacaolac). A lo mejor podeis pensar “todo lo que esta diciendo Mila lo tenemos en España”. Y entonces yo os responderé “Id al super y vedlo con vuestros propios ojos”.
- El otro día me comentaron que el motivo por el que son el país con la altura media más alta (1,88 en chicos) es por toda la leche que toman. Ese día me sentí profundamente triste, y pensé que todos mis esfuerzos y los litros y litros de leche española que había tomado, habían sido en balde.
- Pero no siempre comen sándwiches, también toman las famosas sopas de sobre marca Cup (tengo que comprobar si lo he escrito bien). Las he visto por todos lados, y en mi “ofi” no iban a ser menos. Viene en cajas agrupadas por sabores y a su vez cada caja contiene sobres equivalentes a una ración. Las hay de tomate, tomate con picatostes, champiñones, zanahorias,… pero por lo visto la más tradicional es la de guisantes. Esta última tiene que ser muy densa y está bien preparada cuando pones la cuchara en la crema y esta se queda de pie.
- Por todos estos motivos, absolutamente todos los días, evalúan el contenido de nuestros tupper wares (de las francesas y míos) y se encogen de hombros, se miran entre ellos y me dicen, por ejemplo, “Anda ayer cocinaste” cuando traigo una ensalada. Como bien parafrasea Little Eu a Obélix, estos holandeses están locos.
Mi primera nevada en Delft
¡Hola tulipanes!
Como os adelanté en el último post en mi segundo día de curro (cuarto de estancia en Delft) viví mi primera nevada. Para los norteños que leáis el blog este tema os puede parecer irrelevante, pero para los que somos “de Madrid pa´ bajo”, la nieve nos parece todo un evento.
Ya en mi primer día de trabajo hubo un primer conato de nieve. Yo estaba reunida con mi jefe, que me estaba contando a qué me iba a dedicar, y de repente, miré a la ventana y estaban cayendo unos copos. Me tuve que contener para no saltar con un “¡¡Ala, nieva!!”, porque no hubiese sido nada apropiado. Imaginaos en ese momento en el que te están contando cosas serias, tu en el papel de “han hecho muy bien en contratarme”, y que de pronto saltar con que está nevando (en un sitio donde están hartos de ver la nieve). Sí, hubiese sido demasiado “Hola, soy una cría y no te estoy haciendo ningún caso. PD: Deberías haber cogido al otro”.
De todas formas, para ratificar mi decisión de callarme el comentario, ese primer día la nevada no cuajó. Sin embargo, al día siguiente, sí que nevó en condiciones, de modo que para la hora de irnos a casa, el suelo estaba completamente blanco. J
Antes de continuar con la historia, voy a abrir una breve sección, que se va a llamar “Desmitificando la nieve”, especialmente decida a los “de Madrid pa´ bajo”:
- La nieve no es blandita.
- Cuando pisas la nieve suena como si pisases cristales.
- Cuando te nieva, los copos de nieve no son como plumas bonitas que se quedan “graciosamente” enredadas en el pelo, sino que te lo moja, como ¡la odiosa lluvia! Nota mental: lo que se te enreda graciosamente en el pelo es el polen de los árboles en Madrid (el cuál da alergia).
- La nieve no es siempre blanquita y bonita. Con la tierra hace un barro feo y resbaladizo.
Fin de la sección.
Sin embargo, esta vez voy a dejar a un lado el papel de cascarrabias, y voy a decir que a pesar de todo me sigue gustando la nieve. (A ver que opino en unos meses).
Nos habíamos quedado en que a la salida del trabajo estaba todo cubierto de nieve. El plan que teníamos al salir era ir a casa de Maelle y Severine a cenar. Maelle, que me había llevado por la mañana a trabajar en la parte de atrás de su bici, esta vez se había ido antes para ir preparando la comida, por lo que Clarisse se ofreció a acercarme a casa de estas en su bici (por su puesto montada al estilo amazona).
Lo que por mañana había sido “tan” fácil, con la “nieve bonita” resultaba un pelín más complicado. La bici se iba más para los lados, resbalaba,… (siento haceros sufrir con los paseos en bicicleta pero ya os adelanto que va a haber más batallitas). Total, viendo que avanzábamos menos en la bici que a pie, nos bajamos de la bici y a empujarla. (Volviendo al tema de haceros sufrir, lo sí que puedo adelantaros que hasta la fecha no he vuelto a montar en bici a lo amazona). En vista del poco éxito de este sistema cuando las condiciones, acordamos durante la cena que al día siguiente yo volvería al método inicial (caminar). La verdad es que personalmente lo prefería. Yo veía que la compra de mi propia bicicleta se iba a prolongar, y no me gustaba la idea de ser siempre la que era llevada sin esfuerzo (y también estaba claro que no iba a ser quien “condujese”, pues no me veía con la pericia necesaria para como llevar una bici con un solo ocupante, mucho menos con dos).
Espero al menos con este post tranquilizaros, sobre todo a Nuch y a María, y garantizaros dos semanas sin sobresaltos amazónicos.
Ya sabéis, hasta el próximo post, sed buenos.
Mila.
Descubriendo Holanda:
- Fue durante esa cena cuando descubrí que llamaban estilo amazona a montar en bici como lo hice durante este día. Cuando me lo dijeron trate de razonar con ellos que ese nombre tenía ningún sentido. Creía recordar que las amazonas eran mujeres fuertes, que incluso se cortaban un pecho para que no les molestase a la hora de disparar flechas. La verdad es que no veo la relación entre estas mujeres e ir sentada de forma delicada en la parte de atrás de una bici, al estilo Audrey en Vacaciones en Roma (esto ha sido un momento cultureta. Ya me lo agradeceréis alguna vez si os sale alguna pregunta relacionada con esto en el trivial).
- Después de este día, he descubierto la enorme cantidad de gente que viaja de esta manera en Holanda. Hoy sin ir más lejos he visto al chico con más mérito del mundo. Estaba lloviendo, iban montando en bici, llevaba a una chica en el “ss”, llevaba una mochila a la espalda y en una de las manos una caja grande. Chapeau! Este chico y yo debemos de provenir de animales distintos.
Como os adelanté en el último post en mi segundo día de curro (cuarto de estancia en Delft) viví mi primera nevada. Para los norteños que leáis el blog este tema os puede parecer irrelevante, pero para los que somos “de Madrid pa´ bajo”, la nieve nos parece todo un evento.
Ya en mi primer día de trabajo hubo un primer conato de nieve. Yo estaba reunida con mi jefe, que me estaba contando a qué me iba a dedicar, y de repente, miré a la ventana y estaban cayendo unos copos. Me tuve que contener para no saltar con un “¡¡Ala, nieva!!”, porque no hubiese sido nada apropiado. Imaginaos en ese momento en el que te están contando cosas serias, tu en el papel de “han hecho muy bien en contratarme”, y que de pronto saltar con que está nevando (en un sitio donde están hartos de ver la nieve). Sí, hubiese sido demasiado “Hola, soy una cría y no te estoy haciendo ningún caso. PD: Deberías haber cogido al otro”.
De todas formas, para ratificar mi decisión de callarme el comentario, ese primer día la nevada no cuajó. Sin embargo, al día siguiente, sí que nevó en condiciones, de modo que para la hora de irnos a casa, el suelo estaba completamente blanco. J
Antes de continuar con la historia, voy a abrir una breve sección, que se va a llamar “Desmitificando la nieve”, especialmente decida a los “de Madrid pa´ bajo”:
- La nieve no es blandita.
- Cuando pisas la nieve suena como si pisases cristales.
- Cuando te nieva, los copos de nieve no son como plumas bonitas que se quedan “graciosamente” enredadas en el pelo, sino que te lo moja, como ¡la odiosa lluvia! Nota mental: lo que se te enreda graciosamente en el pelo es el polen de los árboles en Madrid (el cuál da alergia).
- La nieve no es siempre blanquita y bonita. Con la tierra hace un barro feo y resbaladizo.
Fin de la sección.
Sin embargo, esta vez voy a dejar a un lado el papel de cascarrabias, y voy a decir que a pesar de todo me sigue gustando la nieve. (A ver que opino en unos meses).
Nos habíamos quedado en que a la salida del trabajo estaba todo cubierto de nieve. El plan que teníamos al salir era ir a casa de Maelle y Severine a cenar. Maelle, que me había llevado por la mañana a trabajar en la parte de atrás de su bici, esta vez se había ido antes para ir preparando la comida, por lo que Clarisse se ofreció a acercarme a casa de estas en su bici (por su puesto montada al estilo amazona).
Lo que por mañana había sido “tan” fácil, con la “nieve bonita” resultaba un pelín más complicado. La bici se iba más para los lados, resbalaba,… (siento haceros sufrir con los paseos en bicicleta pero ya os adelanto que va a haber más batallitas). Total, viendo que avanzábamos menos en la bici que a pie, nos bajamos de la bici y a empujarla. (Volviendo al tema de haceros sufrir, lo sí que puedo adelantaros que hasta la fecha no he vuelto a montar en bici a lo amazona). En vista del poco éxito de este sistema cuando las condiciones, acordamos durante la cena que al día siguiente yo volvería al método inicial (caminar). La verdad es que personalmente lo prefería. Yo veía que la compra de mi propia bicicleta se iba a prolongar, y no me gustaba la idea de ser siempre la que era llevada sin esfuerzo (y también estaba claro que no iba a ser quien “condujese”, pues no me veía con la pericia necesaria para como llevar una bici con un solo ocupante, mucho menos con dos).
Espero al menos con este post tranquilizaros, sobre todo a Nuch y a María, y garantizaros dos semanas sin sobresaltos amazónicos.
Ya sabéis, hasta el próximo post, sed buenos.
Mila.
Descubriendo Holanda:
- Fue durante esa cena cuando descubrí que llamaban estilo amazona a montar en bici como lo hice durante este día. Cuando me lo dijeron trate de razonar con ellos que ese nombre tenía ningún sentido. Creía recordar que las amazonas eran mujeres fuertes, que incluso se cortaban un pecho para que no les molestase a la hora de disparar flechas. La verdad es que no veo la relación entre estas mujeres e ir sentada de forma delicada en la parte de atrás de una bici, al estilo Audrey en Vacaciones en Roma (esto ha sido un momento cultureta. Ya me lo agradeceréis alguna vez si os sale alguna pregunta relacionada con esto en el trivial).
- Después de este día, he descubierto la enorme cantidad de gente que viaja de esta manera en Holanda. Hoy sin ir más lejos he visto al chico con más mérito del mundo. Estaba lloviendo, iban montando en bici, llevaba a una chica en el “ss”, llevaba una mochila a la espalda y en una de las manos una caja grande. Chapeau! Este chico y yo debemos de provenir de animales distintos.
jueves, 12 de febrero de 2009
Mi primer paseo en bici al estilo “amazona”.
¡Hola tulipanes!
Por primera vez, y sin que sirva de precedente, voy a empezar con la sección descubriendo holanda. No es por puro capricho, es que es necesaria para contar la aventura de hoy.
Descubriendo Holanda (vuelta al tema bici):
- Ya he mencionado que las bicis holandesas autóctonas se diferencian de las españolas en los frenos, elemento prácticamente inexistente en las de aquí, porque si para parar la bici tienes que empezar a pedalear hacia atrás...¡ya me contarás! (como podéis comprobar no soy una gran fan de este sistema). Sin embargo no sólo se diferencian en los frenos, sino que toda bici que se vende en los Países Bajos (ya sea holandesa de pura cepa, es decir, con los frenos raros, o más europeizada, con los frenos de toda la vida) tiene justo detrás del sillín una especie de segundo “sillín” (ojo a las comillas que no van por capricho). Este supuesto sillín adicional es metálico, y consiste en una especie de rectángulo metálico, con un par de barritas paralelas.
- ¿Y para que usan los holandeses este segundo sillín? Pues lo normal es que este el ss (segundo sillín) esté rodeado por unas gomas, y así se puede usar para poner ahí los libros, los tupper de la comida,… Y no es que los holandeses necesiten usar las dos manos para controlar el manillar, pero así pueden llevar una mano calentita metida en un bolsillo. También el ss permite, como su “propio nombre” indica, llevar a pasajeros. La persona que viaja de “paquete” puede ir sentada de dos formas distintas: opción a) ir a horcajadas, opción b) ir con las dos piernas hacia el mismo lado.
- Las bicis “tuneadas”. Como podéis deducir las bicicletas son un negocio que mueve mucho dinero en Holanda. Pensad que aquí todo el mundo tiene como mínimo una bici, de hecho, mucha gente tiene otra de repuesto, no vaya a ser que se le pinche una rueda o se le tuerza por culpa de las vías del tranvía (a mi esto de tener dos bicis al principio me parecía una chorrada, pero visto lo necesarias que son para moverte, les voy a terminar dando la razón). Conclusión, que tener bici en Holanda es como tener móvil en España. ¿Y que pasa cuando todo el mundo tiene algo? Que las empresas se dedican inventar complementos y chorraditas. Solo pensad en los calcetines, colgantes, minibarras de labios,… todo para los móviles en el caso de España. Y ahora imaginad todo lo que se le puede ocurrir a esta gente para la bici: desde cestitas (por cierto, el otro día ví a una montando en bici, que llevaba de paquete una cesta con su perro labrador!!!), lacitos, florecitas, … Pero ha habido dos cosas que me han llamado poderosamente la atención: 1) las bolitas que ponen en los radios de las ruedas para ¡hacer ruido cuando montan en bici!, y 2) (esta es mi preferida) ¡¡¡Las alforjas!!!La gente aquí compra una especie de alforjas con dos bolsas, que se apoyan en el ss, de modo que cada bolsa está en un lado de la bici. Y hay alforjas estampadas, de colores,…¡¡Ojo un negociazo la venta de alforjas en el siglo XXI!!
Fin de la sección: Descubriendo Holanda.
Os voy a poner un poco en situación, tulipanes. Imaginaos que estoy en mi primer día de curro (es que el día se me hizo muy largo, como podéis comprobar), y una de mis compañeras se acerca y me dice que lleva para casa. La verdad es que tenía terminar unas cosas (aprovechar para leer el correo) y declino la oferta. Pero entonces se ofrece para llevarme a la oficina la mañana siguiente. Y lo cierto es que me daba cosa volver a decir que no, y quedo con ella a las ocho de la mañana del día siguiente. Pero mi compi no tiene coche, con lo cual os podéis imaginar como me iba a llevar a la oficina: ¡¡Bingo!!Sentada en el ss.
Yo por la mañana, ese día, en mi paseo de 50 minutos me había dado tiempo a ver a un par de personas montadas en la parte de atrás de la bici de algún amigo o un compañero, y lo primero que había pensado es: ¡qué tío más cara! El amigo pedaleando y este de rositas detrás. Pues nada, al día siguiente iba a ser yo la tía cara. Además es que aún no había visto a mucha gente yendo de “paquete” en la bici, y me daba un poco de vergüenza, pero bueno, todo fuera por no decirle dos veces que no a la muchacha.
Así que a las ocho de la mañana de mi segundo día de curro, ahí me tenéis a mí, en la plaza principal de Delft, donde vive Maelle (mi taxista de la bici), preparada para una nueva aventura para el blog. La verdad es que justo a los que había visto montando así, los había visto a horcajadas, con lo cual cuando Maelle me cuenta que es mucho mejor ir sentada al estilo amazona (¡es que tiene nombre y todo!), yo pienso: “¡¡donde me estoy metiendo!!”.
Lo siente que hace es explicarme la técnica (porque tú ahí no te sientas sin más, esto tiene todo un proceso). Lo que tengo que hacer es agarrarle la cintura con las dos manos, ella empezará a pedalear y yo a correr detrás de ella, y cuando me avise tengo que dar un salto, y subir el culillo al ss. ¡Joe chaval, encima tengo que montarme en marcha y dar un salto! Esto además me lo explica una francesa en inglés a las ocho de la mañana. ¡¡Venga va, que si lo pienso más no lo hago!!
Cogemos carrerilla, me dice que salte, salto (por supuesto, medio culo fuera), manillarazo para compensar el salto, y empezamos a avanzar. ¡Pues no es tan difícil! Y menos mal que pensé así, porque hay un par de tramos en el camino donde el pasajero tiene que bajarse y repetir la operación. Por lo demás el viajecito bastante bien (claro yo no iba dando pedales), exceptuando en una curva, que toma esta mujercita a toda mecha, se le va la bici, nos subimos a la acera, en la acera justo de frente unas escaleras, y yo cierro los ojos, porque total para que verlo si lo voy a sentir. Pero no, nuevo golpe de manillar en el ultimo momento, y nos libramos de besar el suelo (o las escaleras).
De todas formas yo me pasé medio camino pensando una excusa para no tener que estar todos los días a expensas de que alguien me lleve, y menos aún cuando acercarte a un sitio implica esfuerzo físico. Pero por la tarde la nieve me facilitó la excusa, y me da un tema para la siguiente post.
Mientras lo escribo y no, sed buenos,
Mila.
Por primera vez, y sin que sirva de precedente, voy a empezar con la sección descubriendo holanda. No es por puro capricho, es que es necesaria para contar la aventura de hoy.
Descubriendo Holanda (vuelta al tema bici):
- Ya he mencionado que las bicis holandesas autóctonas se diferencian de las españolas en los frenos, elemento prácticamente inexistente en las de aquí, porque si para parar la bici tienes que empezar a pedalear hacia atrás...¡ya me contarás! (como podéis comprobar no soy una gran fan de este sistema). Sin embargo no sólo se diferencian en los frenos, sino que toda bici que se vende en los Países Bajos (ya sea holandesa de pura cepa, es decir, con los frenos raros, o más europeizada, con los frenos de toda la vida) tiene justo detrás del sillín una especie de segundo “sillín” (ojo a las comillas que no van por capricho). Este supuesto sillín adicional es metálico, y consiste en una especie de rectángulo metálico, con un par de barritas paralelas.
- ¿Y para que usan los holandeses este segundo sillín? Pues lo normal es que este el ss (segundo sillín) esté rodeado por unas gomas, y así se puede usar para poner ahí los libros, los tupper de la comida,… Y no es que los holandeses necesiten usar las dos manos para controlar el manillar, pero así pueden llevar una mano calentita metida en un bolsillo. También el ss permite, como su “propio nombre” indica, llevar a pasajeros. La persona que viaja de “paquete” puede ir sentada de dos formas distintas: opción a) ir a horcajadas, opción b) ir con las dos piernas hacia el mismo lado.
- Las bicis “tuneadas”. Como podéis deducir las bicicletas son un negocio que mueve mucho dinero en Holanda. Pensad que aquí todo el mundo tiene como mínimo una bici, de hecho, mucha gente tiene otra de repuesto, no vaya a ser que se le pinche una rueda o se le tuerza por culpa de las vías del tranvía (a mi esto de tener dos bicis al principio me parecía una chorrada, pero visto lo necesarias que son para moverte, les voy a terminar dando la razón). Conclusión, que tener bici en Holanda es como tener móvil en España. ¿Y que pasa cuando todo el mundo tiene algo? Que las empresas se dedican inventar complementos y chorraditas. Solo pensad en los calcetines, colgantes, minibarras de labios,… todo para los móviles en el caso de España. Y ahora imaginad todo lo que se le puede ocurrir a esta gente para la bici: desde cestitas (por cierto, el otro día ví a una montando en bici, que llevaba de paquete una cesta con su perro labrador!!!), lacitos, florecitas, … Pero ha habido dos cosas que me han llamado poderosamente la atención: 1) las bolitas que ponen en los radios de las ruedas para ¡hacer ruido cuando montan en bici!, y 2) (esta es mi preferida) ¡¡¡Las alforjas!!!La gente aquí compra una especie de alforjas con dos bolsas, que se apoyan en el ss, de modo que cada bolsa está en un lado de la bici. Y hay alforjas estampadas, de colores,…¡¡Ojo un negociazo la venta de alforjas en el siglo XXI!!
Fin de la sección: Descubriendo Holanda.
Os voy a poner un poco en situación, tulipanes. Imaginaos que estoy en mi primer día de curro (es que el día se me hizo muy largo, como podéis comprobar), y una de mis compañeras se acerca y me dice que lleva para casa. La verdad es que tenía terminar unas cosas (aprovechar para leer el correo) y declino la oferta. Pero entonces se ofrece para llevarme a la oficina la mañana siguiente. Y lo cierto es que me daba cosa volver a decir que no, y quedo con ella a las ocho de la mañana del día siguiente. Pero mi compi no tiene coche, con lo cual os podéis imaginar como me iba a llevar a la oficina: ¡¡Bingo!!Sentada en el ss.
Yo por la mañana, ese día, en mi paseo de 50 minutos me había dado tiempo a ver a un par de personas montadas en la parte de atrás de la bici de algún amigo o un compañero, y lo primero que había pensado es: ¡qué tío más cara! El amigo pedaleando y este de rositas detrás. Pues nada, al día siguiente iba a ser yo la tía cara. Además es que aún no había visto a mucha gente yendo de “paquete” en la bici, y me daba un poco de vergüenza, pero bueno, todo fuera por no decirle dos veces que no a la muchacha.
Así que a las ocho de la mañana de mi segundo día de curro, ahí me tenéis a mí, en la plaza principal de Delft, donde vive Maelle (mi taxista de la bici), preparada para una nueva aventura para el blog. La verdad es que justo a los que había visto montando así, los había visto a horcajadas, con lo cual cuando Maelle me cuenta que es mucho mejor ir sentada al estilo amazona (¡es que tiene nombre y todo!), yo pienso: “¡¡donde me estoy metiendo!!”.
Lo siente que hace es explicarme la técnica (porque tú ahí no te sientas sin más, esto tiene todo un proceso). Lo que tengo que hacer es agarrarle la cintura con las dos manos, ella empezará a pedalear y yo a correr detrás de ella, y cuando me avise tengo que dar un salto, y subir el culillo al ss. ¡Joe chaval, encima tengo que montarme en marcha y dar un salto! Esto además me lo explica una francesa en inglés a las ocho de la mañana. ¡¡Venga va, que si lo pienso más no lo hago!!
Cogemos carrerilla, me dice que salte, salto (por supuesto, medio culo fuera), manillarazo para compensar el salto, y empezamos a avanzar. ¡Pues no es tan difícil! Y menos mal que pensé así, porque hay un par de tramos en el camino donde el pasajero tiene que bajarse y repetir la operación. Por lo demás el viajecito bastante bien (claro yo no iba dando pedales), exceptuando en una curva, que toma esta mujercita a toda mecha, se le va la bici, nos subimos a la acera, en la acera justo de frente unas escaleras, y yo cierro los ojos, porque total para que verlo si lo voy a sentir. Pero no, nuevo golpe de manillar en el ultimo momento, y nos libramos de besar el suelo (o las escaleras).
De todas formas yo me pasé medio camino pensando una excusa para no tener que estar todos los días a expensas de que alguien me lleve, y menos aún cuando acercarte a un sitio implica esfuerzo físico. Pero por la tarde la nieve me facilitó la excusa, y me da un tema para la siguiente post.
Mientras lo escribo y no, sed buenos,
Mila.
lunes, 9 de febrero de 2009
Post de agradecimiento
¡Hola tulipanes!
Esto es para dar gracias a todos los que me habéis llamado, dado toques, escrito mensajes, mails, comentarios… o leéis el blog. Sobretodo siento no poderos contestar uno a uno a los mails, mensajes,… o poderme poner de charla en condiciones por el gmail y tal, pero de momento para mí, Internet sigue siendo un bien escaso, al que accedo en la oficina y todavía me da cosa ponerme alegremente a utilizar, pasando del trabajo. A ver si poco a poco voy solucionando cosillas y consigo Internet cuanto antes.
Mientras tanto, sed buenos.
Mila
Esto es para dar gracias a todos los que me habéis llamado, dado toques, escrito mensajes, mails, comentarios… o leéis el blog. Sobretodo siento no poderos contestar uno a uno a los mails, mensajes,… o poderme poner de charla en condiciones por el gmail y tal, pero de momento para mí, Internet sigue siendo un bien escaso, al que accedo en la oficina y todavía me da cosa ponerme alegremente a utilizar, pasando del trabajo. A ver si poco a poco voy solucionando cosillas y consigo Internet cuanto antes.
Mientras tanto, sed buenos.
Mila
Primer día de curro. Malditas cabinas.
¡Hola tulipanes!
Como os podéis imaginar mi primer día de curro, después de 6 meses de estar de vacaciones, se me hizo eterno. Y más aún habiendo comido a las 12:30. Además yo veía ahí que todo el mundo se tomaba muy en serio lo de las 8 horas. Uff, y después de trabajar ir a casa andando.
Otro de mis compis me prometió acercarme a casa en coche, así que la cosa mejoraba al no tener que pasear. La única pega que le veía era que estando cansada tendría que hacer un último esfuerzo de hablar inglés (hablar y entender el inglés me cuesta en dos situaciones concretas: A-. Estoy en un sitio con mucho ruido: discoteca, bar, ect. B-. Estoy muy cansada).
Lo que si me apetecía era llamar a casa y contar largo y tendido como habían sido los primeros días. Me apetecía contar las cosas en detalle (como podéis comprobar a la vista del blog, suelo hacer). Cuando había estado en la oficina de turismo, había preguntado por las cabinas de teléfono, y aunque en Holanda es un poco temerario por el tiempo estar hablando desde una cabina; me aseguraron que delante de la estación había cabinas y que funcionaban tanto con tarjeta como con monedas. Así que le pedí a mi compañero que me dejase en la estación en lugar de en mi casa.
En la estación de Delft hay un montón de tiendas que venden de todo y con más horario que el resto (en plan 7eleven, OpenCor,…), así que probé de primeras a comprar allí una tarjeta. Sin embargo, allí no vendían la tarjetas (por lo visto las venden en noséquétiendas que para variar a las horas que eran, 6 y media pasada, estaban ya cerradas). Pero bueno, no hay problema, soy una chica de recursos J, y la de la oficina de turismo me había asegurando que valían las monedas. Así que en una de estas tiendas intenté cambiar. Pero también me acordaba del día de las fotos, que no te dan cambio por las buenas si no compras, así que agarré una bolsa de M&Ms, y les pague con un billetazo de 20 (para tener cambio de sobra para el teléfono). Antes de salir de la estación, me enfundé bien en el abrigo, guantes bien colocaditos para llamar por teléfono. Había delante justo de la estación dos cabinas. La primera (agua), era de tarjeta. La segunda (tocado, wuju), de monedas. Intento que se trague las monedas y no hay tutía (ahh, has dicho A5, entonces agua, que me he equivocado). Bueno, que no cunda el pánico el otro día, había visto yo otra cabina, de camino a casa. Busco la cabina (con todo el clin, clin; del cambio de 20 en mi bolsillo), doy vueltas, por fin la encuentro (¿tocado?), me acerco y es de tarjeta (agua!). Vale, no me voy a rendir tan fácilmente, acabo de pasar por una gasolinera, allí seguro que hay una cabina, o venden tarjetas. Pregunto y ¡nada! No tiene cabina, ni sabe donde hay otra, ni donde comprar tarjetas, ni el tío es de Delft siquiera (agua, agua, agua y agua. Y Mila tocada, y hundida). Venga ya, vaya mierda de país, las tiendas cerradas, no puedo llamar a mi casa en condiciones y voy a tardar en poder hacerlo porque no tengo Internet en casa, ni cuenta corriente holandesa, además ahí voy con mi cambio de 20 en el bolsillo,… Pero en ese momento, suena mi teléfono, ¡me llaman de casa! JJ
Sed buenos, tulipanes.
Mila
PD: Y además tengo una bolsa extragrande de M&Ms ;)
Descubriendo Holanda:
- Creo que no hace falta, pero por si acaso lo pongo. ¡¡¡Las cabinas holandesas no cogen monedas!!!! Aunque te lo diga la de información y turismo. Por cierto, en cuanto me entere de donde narices se pueden comprar las tarjetas os lo cuento.
- Tampoco encuentro por aquí los clásicos locutorios que hay en Madrid para que los inmigrantes llamen a sus países de origen. Creo que en este país hay negocios que tienen aún por explorar. Por ejemplo, no he visto todavía tiendas de “todo a un euro”, o los típicos “chinos”, es decir tiendas de “zarrios baratos” o “supermercados abiertos 24/7”. Me han dicho que las tiendas de chinos en otras cuidades como Den Haag, haberlas, hailas; pero desde luego yo no las he visto.
Como os podéis imaginar mi primer día de curro, después de 6 meses de estar de vacaciones, se me hizo eterno. Y más aún habiendo comido a las 12:30. Además yo veía ahí que todo el mundo se tomaba muy en serio lo de las 8 horas. Uff, y después de trabajar ir a casa andando.
Otro de mis compis me prometió acercarme a casa en coche, así que la cosa mejoraba al no tener que pasear. La única pega que le veía era que estando cansada tendría que hacer un último esfuerzo de hablar inglés (hablar y entender el inglés me cuesta en dos situaciones concretas: A-. Estoy en un sitio con mucho ruido: discoteca, bar, ect. B-. Estoy muy cansada).
Lo que si me apetecía era llamar a casa y contar largo y tendido como habían sido los primeros días. Me apetecía contar las cosas en detalle (como podéis comprobar a la vista del blog, suelo hacer). Cuando había estado en la oficina de turismo, había preguntado por las cabinas de teléfono, y aunque en Holanda es un poco temerario por el tiempo estar hablando desde una cabina; me aseguraron que delante de la estación había cabinas y que funcionaban tanto con tarjeta como con monedas. Así que le pedí a mi compañero que me dejase en la estación en lugar de en mi casa.
En la estación de Delft hay un montón de tiendas que venden de todo y con más horario que el resto (en plan 7eleven, OpenCor,…), así que probé de primeras a comprar allí una tarjeta. Sin embargo, allí no vendían la tarjetas (por lo visto las venden en noséquétiendas que para variar a las horas que eran, 6 y media pasada, estaban ya cerradas). Pero bueno, no hay problema, soy una chica de recursos J, y la de la oficina de turismo me había asegurando que valían las monedas. Así que en una de estas tiendas intenté cambiar. Pero también me acordaba del día de las fotos, que no te dan cambio por las buenas si no compras, así que agarré una bolsa de M&Ms, y les pague con un billetazo de 20 (para tener cambio de sobra para el teléfono). Antes de salir de la estación, me enfundé bien en el abrigo, guantes bien colocaditos para llamar por teléfono. Había delante justo de la estación dos cabinas. La primera (agua), era de tarjeta. La segunda (tocado, wuju), de monedas. Intento que se trague las monedas y no hay tutía (ahh, has dicho A5, entonces agua, que me he equivocado). Bueno, que no cunda el pánico el otro día, había visto yo otra cabina, de camino a casa. Busco la cabina (con todo el clin, clin; del cambio de 20 en mi bolsillo), doy vueltas, por fin la encuentro (¿tocado?), me acerco y es de tarjeta (agua!). Vale, no me voy a rendir tan fácilmente, acabo de pasar por una gasolinera, allí seguro que hay una cabina, o venden tarjetas. Pregunto y ¡nada! No tiene cabina, ni sabe donde hay otra, ni donde comprar tarjetas, ni el tío es de Delft siquiera (agua, agua, agua y agua. Y Mila tocada, y hundida). Venga ya, vaya mierda de país, las tiendas cerradas, no puedo llamar a mi casa en condiciones y voy a tardar en poder hacerlo porque no tengo Internet en casa, ni cuenta corriente holandesa, además ahí voy con mi cambio de 20 en el bolsillo,… Pero en ese momento, suena mi teléfono, ¡me llaman de casa! JJ
Sed buenos, tulipanes.
Mila
PD: Y además tengo una bolsa extragrande de M&Ms ;)
Descubriendo Holanda:
- Creo que no hace falta, pero por si acaso lo pongo. ¡¡¡Las cabinas holandesas no cogen monedas!!!! Aunque te lo diga la de información y turismo. Por cierto, en cuanto me entere de donde narices se pueden comprar las tarjetas os lo cuento.
- Tampoco encuentro por aquí los clásicos locutorios que hay en Madrid para que los inmigrantes llamen a sus países de origen. Creo que en este país hay negocios que tienen aún por explorar. Por ejemplo, no he visto todavía tiendas de “todo a un euro”, o los típicos “chinos”, es decir tiendas de “zarrios baratos” o “supermercados abiertos 24/7”. Me han dicho que las tiendas de chinos en otras cuidades como Den Haag, haberlas, hailas; pero desde luego yo no las he visto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)