Hay un grupo de personas a las gusta comer, y yo estoy en ese grupo. Vaya que tengo esa necesidad (y digo esto a riesgo de ser tachada de básica ;)). El tema es que uno de los asuntos que más me preocupaban sobre Holanda era que iba a comer (y mis dudas no eran en vano). Así que por fin llegó el gran momento, la primera vez que iba a entrar en un supermercado holandes.
Para debutar elegí uno bueno, grande (para que la desilusión fuese lo menor posible), de La Haya (por si existe relación entre el tamaño del supermercado y de la cuidad). Realmente os estoy contando una mentirijilla, yo por mi hubiese comprado un super cualquiera de Delft, pero los de mi barrio estaban cerrados L.
Ahora mismo nos encontramos en la puerta de un hiper La Haya. Bastante lleno de gente. Yo llevaba una minilista de la compra para no dejarme cosas en el tintero. Tengo que decir que la verdad yo ya entraba un poco desanimada, estaba cansada de estos días (había estado muy nerviosa), además me parecía que en la casa no había cubiertos, vaso, platos,… y que iba a tener que comprarlos, y el problema no era el pagarlos sino cuanto tiempo iba a pasar hasta que pudiese comprarlos (mi horario de trabajo y el de las tiendas no son de lo más compatibles).
Entre por la zona de frutas y verduras y esta zona aprueba. Las lechugas, tomates, y demás me alegró comprobar que son las mismas para todo el mundo (quizá todo el mundo es una expresión muy arriesgada, dejemos en Europa). Luego pasé por un pasillo donde estaban los platos combinados (para los holandeses lo de perder el tiempo en la cocinando les parece elaborado. ¡¡Hoy han flipado en el curro con mi salmón a la plancha!!)
Luego pasé a la zona de carnes, donde no me convenció lo que ví. No es que tuviese mal aire, pero eran salchichas, hamburguesas y yo iba buscando cinta de lomo o filetes de ternera (Hoy una del curro ha llevado chuletas de cerdo, con lo cual no pierdo la esperanza). Desde luego este supermercado, que era grandecito, parte de pescadería no tenía (pude hacerme con unos centros de salmón congelaos que aprueban). No encontré ni biscotes tostados, ni queso fresco, ni mis “vitalina” de fresa que me encantan (con estos ya me doy por vencida) y con los salteados de verdura sigo a la zaga. Tampoco hubo suerte con el salmón ahumado, ni los paquetes de lentejas, aunque por el contrario conseguí aceite de oliva (me lo imaginaba viniendo de extraperlo por Seur entre mi edredón y el resto de mis cosas) y atún en bolsas (lo tenían en latas pero sin argolla para abrir). La leche fue una aventura, la tiene de muchos sabores, hasta con mantequilla (creo que entendí), pero al final la conseguí y semi (en la palabra halfvolle, half me dio la pista).
El resultado de la compra fue un poco decepcionante, pero las cosas han mejorado. Por ejemplo he conseguido comprarme unas judias blancas de bote y alucina, también tiene carillas o muchachitos con chaleco (pongo las dos versiones del nombre para que veáis como controlo). Y el trabajo les he descrito las lentejas y me han asegurado haberlas visto; ).
Mientras las encuentro o no, sed buenos.
Mila
Descubriendo Holanda:
- Hace unos días se me olvidó comentar que otro concepto distinto es el de la ensalada. Cuando en un menú de un restaurante usan el término ensalada (sin matizar nada más) no necesariamente se refieren a ensalada de lechuga. Por ejemplo la ensalada que tomé el sábado para cenar llevaba principalmente “eso verde que es como si estuviese comiendo tréboles” y pepino. Otras veces cuando pides ensalada te ponen lo que en España conocemos como ensaladilla rusa. Para evitar esto último, hay que preguntar si se trata de una ensalada verde o no. (Ahora aún no me veo con la soltura necesaria para descubrir si voy a comer tréboles o no).
- La guerra que le tienen declara a la Visa es impresionante. Menos mal que me salva mi nueva tarjeta francesa con la que al menos puedo sacar de los cajeros sin que me cobren comisión.
- Desde luego en cada país trafican con algún material, y aquí es ¡el aceite de oliva! Me han cobrado 6,50 € por un litro de Carbonell.
- Otro artículo de lujo, las bolsas de la compra. Aquí en Holanda, en la mayoría de los sitios te las cobran. Clarisse, chica experta en los países bajos se fue a la compra con la mochila y algunas bolsas. Antes de ir al súper, pasamos por una tienda y compre unos estropajos y bayetas (ya sabéis que no soy una gran ama de casa, pero sí soy una gran escrupulosa, y antes de entrar en un piso alquilado, por muy limpio que esté, lo limpio a conciencia). Tras la advertencia de Clarisse, le pedí que me dejase una bolsa, el chico de la caja, al oírme me dio una (medio a escondidas), explicándome que las tenían que tener guardadas porque se las robaban (¡normal!). La verdad es que sabiendo que es un artículo tan exclusivo, me da pena hasta ponerlas para la basura (ggg)
Descubriendo la vida laboral:
- Este comentario no es sobre Holanda sino sobre cosas que me han pasado aquí y que ahora, reflexionando un poco lo veo claro. He despotricado mucho el tema de las tiendas (y en cierto modo tengo razón) pero alguna de las cosas que comento no es que pasen sólo por estar en Holanda, sino que pasan por el hecho de tener un trabajo. Por ejemplo, el que cuando salgas de trabajas las tiendas estén cerradas. Hay en España mucha gente que trabaja hasta las 8 de la tarde, hora justa en la que cierran las tiendas, y estas personas no tienen más que el fin de semana para poder ir a hacer esas compras concretas. La única diferencia es que nosotros estamos afincados, o medio medio, y muchas de estas gestiones ya están hechas, pero imaginemos que dentro de España te cambias de cuidad y para contratar el teléfono o abrir una cuenta en el banco,… te ves con los mismo problemas con los que me veo yo ahora.
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animo!!!...bestos, maria gui
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